
Flann O'Brien, un autor singular
El padre del libro que hoy presentamos es un irlandés nacido en 1911 y que falleció en Dublín en 1966. Fue funcionario desde 1935 hasta 1953. Quizá su carrera como burócrata en la Administración Pública explique el surrealismo que posee su prosa y los toques kafkianos con los que nos sorprende.
Durante 26 años fue asiduo y fiel colaborador del Irish Times, ocultando prudentemente su nombre bajo el seudónimo de Myles Na Gopaleem. Allà, O'Brien se desfogaba escribiendo feroces artículos sobre política. Si lo profundo de su obra se debe a los ocios funcionariales o a su capacidad de trabajo es algo que jamás sabremos.
Decía que escribió bajo riguroso anonimato, pues una sabia ley de aquellos tiempos impedía en la verde Irlanda escribir a sus funcionarios, demostrando así que administración y literatura pueden y deben ser incompatibles o, lo que es lo mismo, que ser ágrafo, a la vez servidor público, es perfectamente factible.
Sea como fuere, O'Brien está considerado como uno de los más relevantes, originales y profundos escritores en lengua inglesa hasta tal punto que personalidades como Samuel Beckett o el propio James Joyce lo alabaron. Se dice que, en las postrimerías de su vida, Joyce, prácticamente ciego, leía y releía las novelas de O'Brien con la ayuda de una lupa.
La trama
El Tercer Policía es, digámoslo de entrada, un libro difícil de catalogar. Servidor dudó mucho cuando tuvo que decidir entre colocarlo en el anaquel de libros de filosofía o en el de novela detectivesca. No es ni una cosa ni otra. Nos hallamos ante la peripecia desquiciada de un protagonista que, para empezar, ni siquiera recuerda su nombre y que efectuará un recorrido alucinante más propio de una persona que haya ingerido una buena dosis de aluicinógenos, que no la de un policía a la vieja usanza. Edificios bidimensionales, bicicletas altamente sexuales - y no es broma - toneladas de ómnium e incluso un científico loco, De Selby, que está dispuesto a demostrar sea como sea que la tierra no es esférica sino "asalchichada".
A dónde quiere ir a parar O'Briennos con todo ello? Seguramente a ninguna parte y a todas, al igual que Lewis Carroll nos invitaba a atravesar el espejo para encontrarnos con gatos permanentemente sonrientes o reinas irritables. O'Brien crea todo un mundo - o varios - de ficción en los cuales todo es posible y puede pasar cualquier cosa. No intenten escudriñar y limítense a degustarlo a pequeños sorbos, como se hace con el vino de una añada excepcional. Notarán una solera inusual y un cierto regusto burlón, crítico, humorístico incluso.
No en vano Joyce dijo de Flann O'Brien que era un verdadero escritor dotado de un auténtico sentido cómico. añado que, si bien no es un manjar para todos los paladares, vale la pena insistir y no abandonar el libro a la sexta o décima página. Insistan. Me lo agradecerán.
Ediciones
En castellano, la de Nórdica Libros con traducción de Héctor Arnau. Puede encontrarse en librerías normales, pues la presente edición data del año 2006.

